sábado, 5 de mayo de 2012

SALMO 131 (130)


1Señor, mi corazón no es ambicioso
ni mis ojos altaneros;
no persigo grandezas
ni maravillas que me superan.
2Juro que allano
y aquieto mi deseo.
Como un niño en brazos de su madre
como un niño sostengo mi deseo.
3¡Espere Israel en el Señor,
ahora y por siempre!

131 Género y situación. Oración de confianza individual que se abre a la comunidad. Uno de los más breves e intimistas de salterio. La intimidad ha abolido circunstancias externas, ha fijado un momento perdurable. El orante se desdobla: mira hacia dentro y comunica al Señor lo que descubre. Se ha mirado con tal lucidez y honestidad, que se atreve a jurar ante Dios.
La comparación del niño y la madre o el padre se establece entre el deseo o aspiraciones y el yo maduro. Es comparación psicológica, no teológica. El deseo puede ser como un niño necesitado, caprichoso, débil y exigente, inquieto y sin juicio. Toca a la madre acogerlo con dominio blando, con decisión cariñosa. Toca al varón dominar y serenar su deseo, con juicio y comprensión. En un segundo momento se puede trasladar la comparación a la relación del hombre con
Dios.
131,1 A manera de comentario pueden leerse textos sapienciales: Prov 16,18s; 30,13; Eclo 10,6-18; de los profetas Is 2,9-19. "Me superan": Job 42,3.
131,2 Mt 18,1-5 par.
131,3 Al aplicar la enseñanza a Israel, la experiencia individual se hace comunitaria y propone cuestiones graves. ¿Es la humildad virtud del individuo y no de la comunidad? ¿Es compatible el orgullo nacional con la confianza en Dios?

Trasposición cristiana.
Un texto clásico sobre el hacerse niños se lee en Mt 18,3-5par. La humildad condición para recibir la revelación: Lc 10,21 s. Hay que repetir la pregunta final, dirigida a la Iglesia.

SALMO 130 (129).


1Desde lo hondo te grito, Señor,
dueño mío, escucha mi voz.
2Estén tus oídos atentos
a mi petición de gracia.
3Si llevas cuenta, Señor, de los delitos,
dueño mío, ¿quién resistirá?
4Pero el perdón es cosa tuya
y así te haces respetar.
5Aguardo al Señor, lo aguarda mi alma,
esperando su palabra;
6mi alma a mi dueño,
más que el centinela a la aurora.
7Espera Israel en el Señor,
como el centinela a la aurora,
que la misericordia es cosa del Señor
y es generoso redimiendo.
8ÉI redimirá a Israel
de todos sus delitos.

130 Género y estilo. Petición de perdón personal, que se abre a la esperanza colectiva. Es uno de los siete salmos penitenciales: 6, 12, 38, 51, 102, 130, 143. No concreta ni el pecado ni el castigo. El recurso típico del salmo es el encadenamiento: se repiten palabras o frases a manera de ecos, de resonancias. Se puede ensayar una ejecución dialogal.
Son temas correlativos el aguardar y el perdón. Primero es Dios quien vigila, atento a cualquier infracción: léase Job 7,19s; 13,27. El hombre, al contrario, vigila y aguarda la llegada de un Dios liberador: como se aguarda la aurora, que es hora de relevo, tiempo clásico de gracia. El perdón supone en el hombre el pecado; aquí son "los delitos" y la "hondura", que para los hebreos era realidad negativa. Supone en Dios actitud y actos: misericordia, perdón, redención; como algo propio de él, que le toca a él.
130,1 Lo hondo es lo incomprensible, impenetrable, inescrutable. Para el orante una situación trágica, o su conciencia de pecado, ¿o su condición humana? Lo contrario de los montes de Sal 121 y 125. Sola la voz puede alzarse de la hondura y, por condescendencia divina, alcanzar a Dios.
130,2 La petición se lee en textos tardíos: 2 Cr 6,40; 7,15.
130,3 "¿Quién subsistirá?" es pregunta retórica, de respuesta negativa. Es probable que el orante generalice dentro de su contexto nacional; pero la frase puede ampliar su radio hasta abarcar a todo hombre: cfr. Job 14,4. El pecado corroe la consistencia humana.
130,4 Es competencia tuya exclusiva. Solo el soberano o la parte inocente puede concederlo. Porque el hombre pecador depende totalmente de Dios para el perdón (Sal 65,4), debe "respetar" a Dios con humilde "reverencia" .
130,5 Como se reserva el derecho, se reserva el tiempo, y al hombre toca esperar, aguardar.
130,7 “Misericordia” hace eco al “perdón” del v.4. “Redención”: en sentido estricto equivale a rescate; en sentido amplio, a liberación.
130,8 Este es el único caso en que la "redención" tiene como objeto los "delitos".

Trasposición cristiana.
 Un buen comentario se puede leer en Rom 7. Heb 4,16 nos invita a acercarnos al ''tribunal de la gracia". Los antiguos contemplaban en la mañana la resurrección de Cristo.

SALMO 129 (128).


1Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
-que lo diga Israel-
2cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
pero no me pudieron.
3A costa de mis espaldas araban
prolongando los surcos.
4EI Señor, que es justo, rompió
las coyundas de los malvados.
5Retrocedan derrotados
los que odian a Sión.
6Sean como hierba de azotea
que se seca antes de segarla;
7que no llena la mano del segador
ni la brazada del que agavilla,
8ni  le dicen los que pasan:
¡que el Señor os bendiga!
Os bendecimos invocando al Señor.

129 Género y colocación. Acción de gracias con súplica. El orante mira al pasado y da gracias por las veces que el Señor lo ha librado. Mira a los causantes del mal y pide a Dios que le haga justicia. Por la hostilidad recordada, es parejo del 120; con menos dramatismo, es gemelo del 124.
Imágenes. El autor utiliza de modo original dos imágenes agrarias: arar y segar. La primera es de interpretación dudosa: las espaldas del orante son el campo "arado" a latigazos; el orante es el buey o la novilla que ha de arrastrar el arado. a) Los opresores "alargan" cruelmente esos "surcos" en la carne, hasta que un día el Señor les rompe las correas con que aran. Esta explicación de romper las correas es extraña e improbable. b) Arar representa el trabajo lucrativo de los opresores que, por codicia, lo "prolongan" para sacarle más provecho. En vez de uncir animales, obligan a los cautivos a tirar del arado. Las correas simbolizan la esclavitud: Dios las romperá: véanse Is 5,18; Jue 14,18; 39,10-12. La segunda imagen es clara: los culpables son castigados a un crecimiento malogrado, a una aridez sin fruto.
129,1 "Desde la juventud" de la nación: Jr 2,2.
129,2 "No me pudieron": vale para el caso de Senaquerib, no para el de Nabucodonosor; a no ser que piense en la continuidad del pueblo a pesar del destierro.
129,4 La cautividad o su prolongación era injusta.
129,5 Véanse Sal 40,15; 70,3; Is 42,17.
129,6 "Hierba de azoteas" es hiperbólico respecto a la comparación corriente "como hierba"; compárese con Is 37,27.
129,8 Bendición de vegetales: Gn 27,27; Dt 28,4; Is 65,8.

Trasposición cristiana.
 La clave es la equivalencia simbólica de Sión con la Iglesia. Perseguida y salvada desde sus comienzos. Con los ejemplos antiguos se consuelan y esperan los que ahora viven.

SALMO 128 (127).


1 iDichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
2Comerás de la fatiga de tus manos,
serás dichoso, te irá bien.
3Tu mujer como parra frondosa
en la intimidad de tu casa,
tus hijos como renuevos de olivo
alrededor de tu mesa.
4Ésa es la bendición del varón
que respeta al Señor.
5Que te bendiga el Señor desde Sión.
y gozarás de la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida,
6Verás a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!

128 Género y colocación. Bienaventuranza que canta la felicidad de la vida familiar en el contexto de Jerusalén e Israel. El paradigma de la dicha está expresado con el
doble "dichoso" (1.2), el doble "bendecir" (4.5), el doble "bien" (2.5b) y el final "paz". Por su colocación, completa y corrige el precedente: menciona la esposa y exalta el valor del trabajo humano; no será "en vano" si lleva la bendición de Dios. La vida familiar está reducida a lo elemental: es monógamo y de familia numerosa. El padre atiende al trabajo, la madre a la casa; la mesa simboliza y realiza la unidad familiar.
Las dos imágenes son vegetales, parra y olivo; sugieren lozanía, fecundidad, crecimiento. Parra o vid es imagen tradicional: p. ej. Is 5,1-7; Ez 19,10s. En un segundo momento, tanto la vid como el olivo pueden simbolizar a Israel: Jr 11,16. A través de dicho simbolismo pasamos al final del salmo: Jerusalén es la madre, Israel son los hijos.
128,1 Son correlativos respetar al Señor y seguir los caminos que él nos traza.
128,2 Es bendición trabajar produciendo y disfrutar de lo producido: Is 65,21-23; Am 9,14.
128,6 Conocer a los nietos es señal de longevidad: Prov 17,6; Job 42,16.

Trasposición cristiana.
 La clave se encuentra en el símbolo matrimonial de Cristo y la Iglesia, según Ef 5. También es aplicable al sacramento del matrimonio, que renueva la bendición genesíaca.
En clave escatológica: el cristiano disfrutará del fruto de su fatiga: Rom 8,18; Ap 14,13.

SALMO 127 (126).


1Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
2En vano os levantáis temprano
y retrasáis el descanso,
los que coméis un pan de fatigas;
¡si se lo da a sus amigos mientras duermen!
3La herencia que da el Señor son los hijos,
el salario es el fruto del vientre.
4Son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
5¡Dichoso el varón que llena
con ellas la aljaba!
Si pleitea con su rival en la plaza,
no será derrotado.

127 Género y composición. Es una oración de confianza expresada en términos negativos y positivos. La confianza en Dios es otra versión de la fe y es hermana de la esperanza. El orante la expresa por oposición hiperbólica: compárese con Prov 10,22; 19, 21. Una primera parte (1-2), con formas condicionales y repitiendo "en vano", trata el tema urbano y agrario. Una segunda parte, enunciativa (3-5), trata el tema familiar. A la construcción de la ciudad responde la de la familia; a la defensa de la ciudad responde la defensa de los derechos en la plaza = tribunal. En medio se sitúa el don de Dios durante el sueño del hombre: don agrario y familiar.
Ciudad y familia. La ciudad se compone de casas, la defiende una muralla con un cuerpo de centinelas. Muchos asuntos administrativos se resuelven en el gran "portón" de entrada. También es casa la familia, construida de hijos (Rut 4,11). Dios es el constructor: Jr 31,3; Ez 36,36; Sal 69,36; 102,17. Dios es el centinela: Sal 121. Dios da los hijos: Gn 17,16; 30,2. Dios da el pan: Rut 1,6; Sal 136,25; 146,7.
127,1 Algunos lo refieren a los trabajos de reconstrucción en tiempo de Nehemías:  Neh4,11s.
127,2 "Madrugar y trasnochar": compárese con el ritmo de Sal 1 04,22s y con los artesanos de Eclo 38,26-30. El "pan de fatigas" apunta a Gn 3,17. Mientras el hombre duerme, Dios vela y actúa, dando también la fecundidad a los campos y al hombre.
127,4 Comparación de la flecha: Is 49,2.
127,5 Parece referirse a pleitos o querellas que se despachan en lugar público.

Trasposición cristiana.
 La instrucción sobre la confianza en Dios adquiere en el NT un tono entrañable, cordial, porque reconoce a Dios como Padre. Léase Mt 4,25-32.

SALMO 126 (125).


1Cuando cambió el Señor la suerte de Sión,
creíamos soñar;
2se nos llenaba de risas la boca,
la lengua de júbilo.
Hasta los paganos comentaban:
«El Señor ha estado grande con ellos».
3-EI Señor ha estado grande con nosotros,
y celebramos fiesta.
4Cambia, Señor, nuestra suerte,
como los cauces del Negueb.
5Los que siembran con lágrimas
cosechan con júbilo.
6AI ir iba llorando
llevando la bolsa de semilla;
al volver vuelve cantando
llevando sus gavillas.
126 Género y situación. Acción de gracias por una restauración y petición para que se complete. En la mayoría de los textos en que aparece la fórmula "cambiar la suerte", se refiere a la vuelta del destierro de Babilonia: Dt 30,3; ocho veces en el bloque Jr 29,14-33,26. Parece bastante probable que el salmo expresa el gozo por la vuelta del destierro en la primera repatriación, o en tiempo de Nehemías.
El gozo y el sueño. Tan grande es el gozo, que les parece un sueño. ¿Es pesimismo?: en la vida las dichas son sueño. ¿Es cautela?: por si acaso, no entregarse al gozo.
¿Realistas o soñadores? El salmo confiesa entre líneas que los soñadores tenían razón: como Isaías Segundo, como cuantos preparan los grandes cambios de la suerte.
Dos imágenes. a) Una lluvia torrencial puede llenar los cauces de torrentes y fertilizar algunas zonas de páramos (Job 38,25-27). Del mismo modo se llenarán los cauces de Judá con las corrientes de nuevos repatriados. b) Había años en que los labradores tenían que quitarse el pan de la boca para reservar simiente. Sembrar, aparte la fatiga del trabajo, era pasar hambre; pero no era estéril. Así la marcha al destierro, vista desde el retorno, no aparece estéril: fue siembra costosa para una cosecha gozosa. La palabra hebrea significa semilla vegetal y estirpe humana: Is 65,9; Jr 31,27; Os 2,25. 
126,1-2a Forma pareja con el 124 como faceta complementaria.
126,2b Los paganos han sido testigos de la acción del Señor a favor de su pueblo: Sal 98,2; Is 52,1.
126,5 Puede compararse con Is 9,2; Sal 4,8.
126,6 Léase Bar 5,5-6.9.

Trasposición cristiana.
 La resurrección de Cristo es el inaudito cambio de la suerte; tanto que los apóstoles, al ser testigos de ella, no acababan de creerlo. Su cuerpo muerto ha sido la semilla fecunda (Jn 12,24). Siembra y cosecha en Jn 4,36-38.

SALMO 125 (124)


1Los que confían en el Señor
son como el monte Sión:
no vacila, está asentado para siempre.
2A Jerusalén la rodean montañas,
a su pueblo lo rodea el Señor.
3No descansará el cetro del malvado
en el lote de los honrados,
no sea que los honrados
pongan manos al crimen.
4Señor, trata bien a los buenos,
a los rectos de corazón.
5A los que siguen sendas tortuosas
que los conduzca el Señor con los malhechores.
i Paz a Israel!

 125 Género y situación. La primera parte del salmo es un acto de confianza, la segunda parte una súplica. Mentalmente se puede empezar por cualquiera de las dos. La situación es bastante genérica, pero algunos indicios favorecen una situación histórica. Algunos han propuesto el tiempo de la dominación persa; para la cual el salmo suena demasiado optimista. Otros proponen la época seléucida, después del edicto de tolerancia de Antíoco 111 (año 200 a.C.). Me inclino a la situación macabaica, aunque no de los combatientes. El orante piensa en grupos opuestos dentro de la comunidad judía: siente dolor por los hermanos apóstatas, preocupación por los que pueden imitarlos. Invoca al Señor para que conforte a unos y castigue a quienes se extravían. En medio de las dificultades exhorta a confiar en Dios e invoca la paz, externa e interna.
Composición e imágenes. Los paradigmas de buenos y malos nos revelan lo siguiente. A un lado tres designaciones genéricas: "honrados, buenos, rectos" y. tres específicas: "Israel, su pueblo, quienes confían"; el último estrecha al primero. Al otro lado se bifurca el paradigma: los "malvados y malhechores" y unos honrados que "echan manos al crimen y siguen caminos "tortuosos". Imaginemos en el centro el templo, morada del Señor, en torno la ciudad, en torno la muralla natural de montañas, más allá al Señor ciñendo. El Señor lo centra todo, lo abarca todo. El monte es modelo de estabilidad. El cetro, más que imagen, es emblema de poder y autoridad. El lote es el terreno asignado a cada familia; aquí creo que designa el territorio judío, lote del pueblo.
125,2 Zac 2,9.
125,3 "Cetro malvado" es ambivalente, puede significar tribu perversa.
125,4 "Bien a los buenos" sugiere la retribución. "Rectos" consuena en hebreo con el nombre de la ciudad.
125,5 "Tortuoso": palabra rara, que comparte sólo con Jue 5,6.

Trasposición cristiana.
Se basa en los valores simbólicos conocidos: Jerusalén, de la Iglesia terrestre y celeste; el monte de Jesucristo, presencia de Dios en la historia. El cetro o poder de los malvados se vuelve tentación para los cristianos; pero en la Jerusalén celeste triunfará la paz.